Detengámonos pues sobre el famillonario.
Hay varias maneras de abordarlo, ése es el fin no solamente de este esquema, sino de
este esquema en tanto que les es dado para permitirles inscribir los diferentes planos de la
elaboración significante -estando aquí especialmente elegido la palabra elaboración,
puesto que está elegida expresamente, puesto que Freud la informa especialmente.
Detengámonos en eso y, para no sorprenderlos demasiado, comencemos percatándonos
en que sentido se dirige esto. ¿Qué sucede cuando aparece famillonario? Se puede decir
que algo se indica con ello, que sentimos como algo que apunta hacia el sentido; algo
tiende a surgir de ahí, que es algo irónico, incluso satírico, algo también que aparece
menos, pero que se desarrolla, si podemos decir así, en los contragolpes del fenómeno, en
lo que va a propagarse en el mundo a continuación de eso. Es una especie de surgimiento
de un objeto, él, que va más bien hacia lo cómico, hacia lo absurdo, hacia el sinsentido. Es
el famillonario en tanto que él es la irrisión del millonario, tendiendo a tomar forma de
figura, y no habría que hacer mucho para indicarles en qué dirección, en efecto, tiende a
encarnarse.
Además, Freud nos señala al pasar que en alguna parte, también, Heinrich Heine,
redoblando su chiste, llamará al millonario (en alemán: Millionär) el "Millionarr", lo que en
alemán quiere decir el loquito millonario (en Francés: fou-fou millionnaire ), o, como
podríamos traducirlo además en francés, en la continuación y en la línea de sustantivación
del famillonario del que hablaba hace unos instantes, el "fat (uo) millonario", con un guión
(en francés: fat-millionnaire). Esto para decirles que ahí está la aproximación que hace que
no sigamos siendo inhumanos.
No iremos mucho más lejos porque, a decir verdad, no es el momento; es justamente el
tipo de paso que se trata de no precipitar, a saber: no comprender demasiado rápido,
porque al comprender demasiado rápido no se comprende absolutamente nada. Eso no
explica nunca el fenómeno que acaba de suceder ante él, a saber, en qué se relacióna a
lo que podemos llamar la economía general de la función del significante.
Al respecto, es necesario sin embargo que yo insista para que todos ustedes tomen
conocimiento de lo que he escrito en lo que he llamado la instancia de la letra en el
inconsciente a saber, los ejemplos que he dado en ese texto de las dos funciones, que
llamo las funciones esenciales del significante, en tanto que son aquellas por donde, si se
puede decir, la reja del significante cava en lo real lo que se llama el significado,
literalmente lo evoca, lo hace surgir, lo maneja, lo engendra; a saber, las funciones de la
metáfora y de la metonimia.
Parece que a algunos, digamos que mi estilo les bloquea la entrada a este artículos lo
lamento. Ante todo, yo no puedo hacer nada, mi estilo es lo que es. A este respecto, les
pido que hagan un esfuerzo, pero quisiera simplemente añadir que, cualesquiera q ue sean
las deficiencias que puedan intervenir en ello por mi culpa, hay también a pesar de todo,
en las dificultades de ese estilo —quizá algunos puedan entreverlo—, algo que debe
responder al objeto mismo del que se trata.
Si se trata en efecto, a propósito de las funciones creadoras que ejerce el significante
sobre el significado, de hablar de una manera válida, no simplemente de hablar de la
palabra, sino de hablar en el hilo de la palabra, si podemos decir así, para evocar sus
funciones mismas, tal vez la continuación de mi exposición de este año les mostrará que
hay necesidades internas de estilo, la concisión por ejemplo, la alusión, incluso la
agudeza, que son tal vez elementos esenciales, completamente decisivos, para entrar en
un campo del que ellas comandan no solamente las avenidas, si no toda la textura.
Volveremos pues a ello, a continuación, a propósito de cierto estilo que no vacilaremos
incluso en llamar por su nombre, por ambigüo que pueda parecer, a saber el manierismo, y
del que trataré de mostrarles que tiene tras él, no solamente una gran tradición, sino una
función irremplazable.
Esto no es más que un paréntesis para volver a mi texto. En ese texto, entonces, ustedes
verán que lo que denomino, después de otros —es Roman Jakobson quien lo ha
inventado— la función metafórica y metonímica del lenguaje, están ligadas a algo que se
expresa muy simplemente en el registro del significante, siendo las carácterísticas del
significante, como ya lo he enunciado varias veces en el curso de los años precedentes,
las de la existencia de una cadena articulada, y —añadía yo en ese artículo— tendiendo a
formar agrupamientos cerrados, es decir, formados por una serie de anillos que se enlazan
unos a otros, para formar las cadenas, las cuales se enlazan ellas mismas a otras cadenas
a la manera de anillos, lo que está un poco evocado también por la forma general de este
esquema, pero que no está directamente presentado.
La existencia de estas cadenas, en su doble dimensión, implica que las articulaciones o
enlaces del significante comportan dos dimensiones, la que podemos llamar de la
combinación, de la continuidad, de la concatenación de la cadena, y la de las posibilidades
de sustitución siempre implicadas en cada elemento de la cadena.
Este segundo elemento, absolutamente esencial, es ese elemento que, en la definición
líneal que Freud daba de la relación del significante y del significado, es omitido. En otros
términos, en todo acto de lenguaje, la dimensión diacrónica es esencial, pero hay una
sincronía implicada, evocada por la posibilidad permanente de sustitución inherente a cada
uno de los términos del significante. En otros términos, son las dos relaciones que voy a
indicar:
F (S....S´) S, y F ( S´/ S) S
dando, la una, el lazo de la combinación del lazo del significante, y la otra la imagen de la
relación de sustitución siempre implícita en toda articulación significante.
No es necesario poseer extraordinarias posibilidades de intuición para percatarse de que
debe haber al menos alguna relación entre lo que acabamos de ver producirse y lo que
Freud nos esquematiza de la formación del famillionario, a saber sobre dos líneas
diferentes, "yo estaba sentado... etc., de una forma completamente familiar", y, abajo,
"millionario". Freud completa: ¿qué es lo que puede querer decir esto? Esto puede querer
decir que hay alguna cosa que ha caído, que ha sido eludida, eso quiere decir en tanto
que puede permitírselo, o que puede realizarlo o lograrlo un millonario. Algo ha caído en la
articulación del sentido, algo ha permanecido: el millonario. Algo se ha producido que ha
comprimido, embutido, el uno en el otro, el familiar y el millonario, para producir el
famillonario.
Hay pues ahí algo que es una suerte de caso particular de la función de sustitución, caso
particular del que, de alguna manera, quedan las huellas. La condensación, si ustedes
quieren, es, una forma particular de lo que puede producirse al nivel de la función de
sustitución.
Sería bueno que, desde ahora, tengan ustedes en mente el largo desarrollo que he hecho
alrededor de una metáfora, aquella sobre la gavilla de Booz:
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